Historia de las cerezas

Las cerezas son tan atractivas a la vista y sabrosas al paladar que son de gran aceptación por parte de niños, adultos y ancianos. Además, son muy dulces y jugosas tanto si se sirven como fruta de mesa o incluidas en finísimos y exquisitos postres.

El origen de esta fruta se ubica en el Mar Caspio y en el Mar Negro, pasando a Europa Central y Asia por medio de las aves migratorias y los desplazamientos humanos. Hoy en día, las cerezas se cultivan en nume, rosos países del mundo con clima templado, siendo los países de mayor producción Rusia, Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia y España.

En cuanto a las variedades existentes, cabe decir que hay más de 2.000, las cuales crecen en arbustos y árboles distribuidos por las regiones más templadas de todo el mundo. A grandes rasgos, las cerezas se pueden clasificar en tempranas, intermedias y tardías, dependiendo de la época en que maduren. Y por su sabor, en ácidas y dulces. En concreto, las variedades más comunes son la napoleón, que da lugar a ejemplares de gran tamaño, crujientes y muy dulces; la ambrunesa, de dureza consistente y sabor muy dulce, o la burlar, de pulpa roja, firme, jugosa y azúcarada. Otras variedades que se distribuyen en nuestro país son las lapins, la summit y la picota.

Esta última variedad de cereza, la picota, es de recolección tardía, pues se comienza a encontrar en el mes de junio y se prolonga en los mercados hasta principios de agosto.

Se caracteriza por desprenderse del pedúnculo durante la recolección. Su producción se centra en el valle del Jerte, en Extremadura, donde hay un microclima especial que favorece su cultivo. Estas cerezas disfrutan de denominación de origen, que controla muy estrictamente su calidad. Es muy hermoso visitar el valle del Jerte en 1os meses de abril y mayo, pues es cuando los cerezos florecen, dando lugar a un paisaje de gran belleza.

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