La vajilla

La vajilla

La vajilla debe estar en consonancia con los manjares que se vayan a servir, con el lugar y el ambiente donde se realice la comida y con el número y la importancia social de los comensales.

Aunque existen diversidad de materiales, las vajillas más habituales son de porcelana y de loza. En los últimos tiempos, los tamaños y los diseños se han modernizados, pero una vajilla clásica nunca pasará de moda y valdrá para cualquier ocasión. No se deben mezclar piezas de distintas vajillas.

Se recomienda tener una vajilla de diario y de otra para ocasiones especiales. La primera puede ser más informal y práctica, mientras que la segunda, más delicada y elegante.

Cada servicio ha de constar, al menos, de tres platos del mismo juego; hondo o sopero, llano y de postre. Se permite que el de postre y el de pan sean de otro juego. Un elemento cada vez más extendido es el bajoplato o plato de presentación, que viste mucho nuestra mesa.

Cuando dispongamos los platos en la mesa, nunca debemos colocar dos platos iguales uno sobre otro – dos llanos o dos hondos juntos, por ejemplo – ni colocar directamente un plato hondo sobre el mantel o sobre el bajoplato.

Los platos se colocan separados entre si unos 45 cm y a unos 3 cm del borde de la mesa – unos tres dedos, más o menos -. Si se utiliza un plato para el pan, debemos colocarlo en la parte superior izquierda, mientras que si el café se sirve en la misma mesa, es preferible que las tazas hagan juego con el resto de la vajilla.

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