CHURRASCO DE MERO EN SALSA FILETTO Y FARFALLA AL PESTO
Abril 3, 2006Ingredientes:
1 CHURRASCO DE MERO DE 250 GRMS
1 PAQUETE DE FARFALLA
SALSA PESTO
SALSA FILETTO
3 DIENTES DE AJO
1 LIMON
PIMIENTA
SAL
Número de personas: 0
Preparación:
Hacer la farfalla en abundante agua con sal, cuando esté al dente colar y reservar, bañar con abundante salsa pesto y revolver. Adobar el churrasco con el ajo majado la pimienta la sal y el limon, colocar sobre una plancha o grill caliente y asar hasta que esté bien cocido; bañar con la salsa filetto(ver receta de esta salsa en este portal). Servir en un plato grande con la farfalla toda verde y un buen espumante.
Esta receta es tradicionalmente Italiana, como Italianissima es la salsa Pesto (ver receta en este portal), una de mis preferidas por su extraordinario sabor fuerte, que evoca la “Umbría” Italiana en consorcio con la gloriosa “Emilia Romana” ; evocadora del innolvidable cielo “Azurro” de la peninsula de los Augustos.
En relación con esa época de Cesares y Gladiadores , quiero compartir una interesante historia que tomé del libro de Charles Swindoll, “Diario de un Viajero Desesperado”.
Durante el siglo IV, hubo un monje asiático que pasó la mayor parte de su vida en una remota comunidad de oración, estudiando y cultivando verduras para la cocina del convento. Cuando no estaba atendiendo su pequeño huerto. se dedicaba gozosamente a cumplir con su vocación de estudiar y orar.
Luego. cierto día. ese monje -que se llamaba Telémaco sintió que el Señor lo estaba guiando a ir a Roma. el centro político del mundo y la ciudad más agitada. más rica y poblada de aquel entonces. Telémaco se preguntaba por qué era atraído hacia Roma. El no encajaba allá; su sitio era aquel lugar pequeño y tranquilo. aquella comunidad de monjes. aquel huertecito protegido donde sus convicciones se estaban haciendo más profundas y su fe en Dios era fuerte. Pero no podía luchar contra la dirección del Señor; de modo que partió.
Con el tiempo llegó a las concurridas calles de Roma. y se quedó pasmado de lo que vio allá: la gente estaba preocupada. furiosa. violenta en realidad; y en una ocasión el perplejo monje fue arrastrado en volandas por el grupo. empujado por la multitud. Por último terminó en un lugar que ni siquiera sabía que existiese: el Coliseo; donde salvajes gladiadores luchaban y se mataban unos a otros por la razón casi exclusiva de divertir a los miles de personas que se reunían en el estadio público de Roma.
Telémaco se quedó mirando con incredulidad mientras los gladiadores. uno tras otro. se presentaban delante del emperador y decían: “Los que van a morir te saludan.” Luego. se tapó los oídos al escuchar el choque de las espadas y de los escudos. al tiempo que un hombre después de otro luchaba hasta la muerte.
El monje no era capaz de soportar más; pero ¿qué podía hacer él? ¡El no era nadie! Aun así. echó a correr y subió de un salto al muro que rodeaba el circo; luego gritó:
-¡En nombre de Cristo. deténganse!
No podía soportar aquella matanza sin sentido.
-¡Paren esto!
Sin embargo. nadie escuchaba: seguía el público aplaudiendo mientras la pelea continuaba. Cayó otro hombre. . . . Por fin. incapaz de contenerse más. Telémaco saltó a la arena.
¡Qué aspecto tan cómico debió tener: un hombre delgado y pequeño con el hábito de monje corriendo de acá para allá entre aquellos musculosos y brutales luchadores! Una vez más volvió a decir:
-¡En nombre de Cristo, deténganse!
La muchedumbre lo miró e hizo un ademán despectivo,
mientras uno de los gladiadores lo golpeaba con su escudo quitándolo de en medio para ir tras su oponente. Por último, Telémaco se convirtió en una irritación tanto para la multitud
como para los gladiadores, y alguien gritó desde las gradas:
-¡Atraviésalo! ¡Mátalo!
El mismo gladiador que lo había apartado de un empellón
con su escudo, cayó ahora sobre el pecho de Telémaco y le abrió el vientre con un golpe de espada. Mientras se desplomaba de rodillas, el pequeño monje jadeó una vez más:
-¡En nombre de Cristo. . . deténganse!
Entonces ocurrió una cosa extraña. Mientras los dos gladiadores y la muchedumbre concentraban su atención en la figura que yacía inerte sobre la arena de repente teñida de rojo, el circo se quedó mortalmente callado. Luego, en medio de aquel silencio, alguien del último graderío se levantó y salió. A esa persona, siguió otra: y después otra. Por todo el Coliseo los espectadores empezaron a marcharse, hasta que aquel enorme estadio quedó vacío.
Naturalmente, había otras fuerzas actuando, pero aquella inocente figura tendida en el charco de sangre cristalizó la oposición, y ese fue el último combate de gladiadores que se celebró en el Coliseo romano. Nunca más se mataron los hombres unos a otros en el circo de Roma para divertir a la multitud.
¿Estoy escribiendo hoya un Telémaco? Si es así, le pregunto de nuevo: ¿Puede usted imaginarse el impacto que podría tener en el mundo si contrarrestara su escepticismo y compasión propia con el poder de Jesucristo? ¿O las vidas que podría alcanzar y fortalecer siendo simplemente todo lo que está dentro de sus posibilidades?
¿ Cuál es su historia? Todo el mundo tiene una historia personal en la que desde luego no falta alguna injusticia. ¿Piensa usted que ha sido dicha injusticia lo que lo ha convertido en un fracasado? No, eso no es verdad; tal vez haya sido su actitud, pero no su lucha. El mensaje de este capítulo es simplemente el siguiente: las desventajas no tienen por qué descalificarnos. Dios puede llegar a usarlo de una manera significativa si rehusa que sus deficiencias lo conviertan en un escéptico”
País: Italia
Dificultad: Media
Categoría: Pescados y mariscos
